23 de Agosto de 2014
Categoría: Análisis
20.08.2012

ALGUNAS COSAS PUEDEN PASAR, OTRAS NO...

 

Hay accidentes que no se pueden imaginar, aunque una vez que ocurren, parezcan lógicos o previsibles.

 

El de Mark Martin en Michigan, golpeando lateralmente la punta del muro que separa el pit-lane de la zona de los equipos, pudo ser fatal. Y si se observa la imagen de todo el recorrido que hizo el Toyota #55 hasta llegar a la entrada a la zona de garajes, es cierto, no encontró obstáculo alguno hasta la mitad de la calle de boxes. Sin embargo, evidentemente, un auto puede llegar hasta ahí descontrolado, y desde ahora, alguna reforma se hará para evitarlo.

 

Acaso sea poner esa abertura en el muro de pits al final de la calle de boxes y no en el medio, lo que generará alguna complicación para quienes están en los primeros cajones. Acaso una abertura más grande que permita un muro a 45° y no uno que quede de punta a los autos que vienen entrando al sector. El Presidente de Michigan International Speedway, Roger Curtis, ha dicho que “no queremos tener una reacción instintiva. Es importante no precipitarse a los cambios, porque se corre el riesgo de solucionar un problema de seguridad y crear otro”. Vale.

 

Lo mismo ocurrió con el análisis de lo que produjo el accidente fatal de Dan Wheldon en Las Vegas 2011, en IndyCar. La reacción espasmódica no aporta nada, siempre y cuando haya tiempo para meditar. En esa oportunidad, era la última carrera de la temporada. En el caso de Michigan, es la última carrera que se disputará en la pista por éste año.

 

Pero en cambio, hay otros problemas de seguridad que sí deben resolverse con velocidad y eficiencia. Ocurrió en el automovilismo argentino éste fin de semana. Un mismo accidente, dejó al desnudo tres problemas que se deben evaluar con inmediatez, y generar una respuesta seria.

 

El accidente fue el que protagonizó Matías Muñoz Marchesi en la primera serie de la Clase 3 del Turismo Nacional en Posadas, cuando su auto se quedó sin frenos y por reflejo, lo cruzó y buscó frenarse chocando en la cola a otro auto, para no impactar de frente contra las defensas externas de la pista. En ese sector, la velocidad que alcanzan los autos de Clase 3 es de aproximadamente 200 km/h.

 

Al chocar a Diego Munghi, ambos salieron despistados y fueron contenidos correctamente por las gomas de protección, luego de pasar por la cama de leca, que podría haber actuado mejor quizás, pero la pendiente acaso lo haya impedido.

 

Mughi bajó del auto enseguida. Muñoz Marchesi, no. Un auxiliar de pista se acercó y le preguntó si estaba bien, a lo que el chaqueño respondió que tenía fuertes dolores de cabeza y costillas. Lo que razonablemente se esperaba que ocurriera, nunca ocurrió. La carrera, no se neutralizó con Auto de Seguridad, solamente se marcó el peligro con bandera amarilla en el sector, y se completaron las dos vueltas que restaban de la serie, sin que hubiera asistencia alguna al piloto que permanecía dentro del auto hablando por radio con su equipo, al que le contaba todo lo que ocurría.

 

Suponiendo que al haber bandera amarilla nadie intentaría un sobrepaso, y por lo tanto no era muy probable que hubiera algún toque entre otros competidores, sólo vale preguntarse ¿Qué hubiera pasado si otro auto tenía algún problema mecánico y se despistaba en el sector? En lugar de ser detenido por la leca y las gomas correctamente, podría haber chocado contra dos autos de carrera detenidos, y mejor ni pensar qué podría haber chocado al de Muñoz Marchesi, que tenía a su piloto adentro todavía. Incomprensible desde todo punto de vista.

 

Una vez retirado del auto, el piloto fue llevado en la ambulancia hasta la recta principal, cambiado a una ambulancia para traslado, y derivado al Sanatorio Boratti. Cuando llegó, fue atendido en la guardia, y después de esperar algunos minutos, se le hicieron las placas radiográficas de rigor, especialmente teniendo en cuenta que se quejaba de un dolor en las costillas. Sin embargo, para que le hicieran una tomografía, debió esperar casi tres horas, ya que estaban esperando que el tomografista llegue al Sanatorio, cosa que ocurrió después de las 13. El accidente fue a las 9:30.

 

¿Quién podía garantizar que el piloto no tenía alguna lesión interna? ¿Qué podría haber pasado si algo de eso ocurría? ¿El tomografista llegaba más rápido? Parece lógico pensar que ante una competencia automovilística, la empresa que da cobertura médica a los participantes, tenga un operativo de atención de posibles accidentados, perfectamente coordinado con todas las partes a las que puedan requerirle intervención.

 

Mientras tanto, en el autódromo. Una vez llevados a los boxes, el Chevrolet Astra de Muñoz Marchesi y el Renault Fluence de Diego Munghi, se pudo constatar el grado de daños que sufrieron ambas unidades. El Fluence estaba roto en trompa y cola, pero sólo chapa, en cambio, en el Astra, asustó ver cómo se cortaron algunos caños de la jaula del lado derecho, y hasta donde llegó la puerta de ese mismo lado, que terminó prácticamente sobre la butaca del piloto. Ambos, son elementos sumamente cortantes, y podrían haber herido seriamente al chaqueño.

 

Teniendo en cuenta que TRV6 primero, TC2000 después, y finalmente también el Turismo Carretera, adoptaron hace varios años, estructuras especiales para amortiguar golpes laterales, que además se refuerza con un cajón de disipación de energía que es el pontón, quizás cabe preguntarse si, con la velocidad de curva que tienen los TN actuales, no sería conveniente rediseñar las estructuras o adosarles algun panel de absorción de impactos para evitar accidentes con consecuencias graves. El año pasado, cuando Facundo Chapur quedó cruzado en la última curva del Oscar Cabalén, y fue chocado por Lucas Mohamed en el mismo lateral derecho, el Ford Fiesta también sufrió una deformación mayor a la esperada, y los caños llegaron muy cerca de la butaca.

 

Lo del Auto de Seguridad y la atención médica en un sanatorio, se resuelve rápidamente. Ni siquiera debería preocupar, porque sólo se trata de “tomar el toro por las astas” y reaccionar con sensatez.

 

En cambio, ciertas cosas ocurren por primera vez y nos enseñan a todos. Así como el accidente de Nascar mostró una zona débil en una categoría que hace un culto de la seguridad, e invierte millones sólo en tratar de minimizar las consecuencias de los accidentes, quizás en el TN esté llegando el momento de pensar si no es necesario un rediseño de las estructuras de seguridad. La decisión es de mucho cuidado, porque es muy fácil cometer un error que ponga en riesgo la continuidad de equipos y pilotos. Éste fin de semana, después de mucho tiempo, la Clase 2 tuvo menos autos que la Clase 3, aun reduciendo la cantidad de tandas clasificatorias. Los costos siempre son una variable delicada, pero la seguridad debe estar en primer lugar.

 

El estudio del tema puede empezar hoy, para implementarse cuando sea posible, dentro de la urgencia del caso. Pero debe comenzar ya mismo. La suerte no está en que las cosas pasen o no pasen, sino en cuándo pasan. Quizás podemos adelantarnos un poco a ese momento.

 
 
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