24 de Noviembre de 2017
Categoría: Opinión
26.01.2017

EL CLUB DE LA F1 ABRE SUS PUERTAS

 

Colin Chapman, Enzo Ferrari, Ken Tyrrell, Max Mosley, Ron Dennis, Frank Williams. Llegó el momento de Bernie Ecclestone. El hombre que ideó la asociación de equipos a mediados de los años 70, y pasó a comandar el negocio en 1978, hasta llevarlo a un valor tal, que hoy es adquirido por Liberty Media por un valor billonario.

 

No hace falta decir qué hizo Ecclestone, a quién se lo conoció como el dueño de la Fórmula 1 hasta hace unos años. Dueño de ideas brillantes, que aplicó siempre con un estilo verticalista, tirano y pragmático absolutamente. Si funciona se hace, si no funciona, se descarta. Le guste a quién le guste, le pese a quién le pese. Si es negocio, va para adelante y si deja de serlo, va para atrás.

 

Pero ese modo de hacer nació y creció en otro mundo. En el que las comunicaciones eran vía telefónica o fax, en el que Ecclestone podía hurgar en el cesto de basura de una reunión de equipos en un hotel de Heathrow para leer los mensajes que se mandaban entre quienes acababan de salir de ese encuentro. En el que podía hacer una carrera sin público en Kyalami y engañar al mundo mostrando por TV solo a los autos, para que todos creyeran que se podía hacer un GP de Fórmula 1 sin Renault, Ferrari y Alfa Romeo, que habían boicoteado la carrera en apoyo a Jean Marie Balestre. En el que se podía interceptar una reunión secreta entre Champan y Ferrari, convenciendo al Commendatore en un viaje relámpago a Maranello, que lo estaban engañando, y prometiéndole ser el equipo emblema de la Fórmula 1 para siempre, con privilegios que todavía hoy tiene por sobre el resto.

 

Con el paso del tiempo, los actores fueron cambiando, el mundo fue cambiando. Los primeros tres murieron en 1982, 1988 y 2001. Y Ecclestone siempre fue acomodándose, entendiendo el nuevo mapa. Siempre tuvo sus aliados y con ellos en distintas posiciones, mantuvo el poder.

 

Acaso haya sido Max Mosley el último con el que edificó una estrategia a largo plazo, hasta que en 2009 terminó ese ciclo con la llegada de Jean Todt a la FIA, y el escenario empezó a cambiar un poco más profundamente. No porque Todt sea más capaz que Bernie, pero sí porque el francés no era parte de sus alianzas.

 

Ecclestone había creado un imperio de altos costos y ganancias, y ese imperio necesitaba alimentarse de dinero, cada vez en cifras más grandes y difíciles de conseguir. La prohibición de la publicidad del tabaco fue un gran sacudón para la economía de la Fórmula 1, y Ecclestone salió al mundo a buscar nuevos recursos. Encontró buena parte de ellos en países sin historia, sin ADN, pero con mucho dinero, en Medio oriente y Asia.

 

Pero el esquema económico no les sirvió a todos. Los casos de Turquía, India o Corea son emblemáticos. Los tres países construyeron autódromos Tilke y tuvieron sus GP por algunos años, pero desistieron ante el balance negativo que dejaron como saldo.

 

La crisis financiera de 2008 fue un escollo que tuvo que sortear también Ecclestone y la Fórmula 1. Por eso aparecieron nuevos inversores, que llegaron creyendo que podían entrar al negocio rescatando equipos que estaban fundiéndose. Por eso tantos cambios de nombre y dueños que hicieron que se pierda el hilo, la historia de muchos de ellos. Pero casi todos se fueron tan rápido como habían venido a la Fórmula 1, y todavía hoy continúa esa sangría que nadie lo pudo resolver.

 

Singapur y Malasia dicen que no seguirán cuando terminen sus contratos. Alemania desistió de seguir con su tradicional GP. Monza terminó acordando por mucho menos dinero del que Ecclestone pedía. Silverstone avisó que no seguiría después de 2018.

 

Ecclestone creó el Grupo de Estrategia para darle más peso a la opinión de los equipos que a la FIA en las decisiones que marcaran el formato de la Fórmula 1, así podía mantener el control del rumbo porque era con ellos con los que podía negociar. Pero el Grupo de Estrategia se transformó en su enemigo cuando la FIA propuso cambiar a motores híbridos y lo apoyaron.

 

De a poco, las cosas se empezaron a poner más difíciles de controlar para él. Y cuando el negocio que había vendido a grupos de inversores para seguir llenándose los bolsillos, fue vendido a un nuevo grupo, repentinamente se encontró en zona de riesgo.

 

Ecclestone hizo crecer tanto el negocio, que el negocio empezó a decidir por él. Y así fue que el lunes 23 de enero de 2017, un año antes de cumplir 40 años al frente de la Fórmula 1, Bernie quedó afuera.

 

Por brillante que haya sido y siga siendo aún, no podrá hacer nada desde afuera para recuperar el mando. Más allá de sus 86 años, Ecclestone llegó al punto de no entender que el mundo ya no se maneja como él quiere. Los nuevos dueños de la Fórmula 1 no son ingenuos, ni decidieron invertir tanto dinero sin saber lo que van a hacer.

 

Ahora se llama Fórmula One Group. Chase Carey es el nuevo líder, y se aseguró los servicios de Ross Brawn como especialista, para dirigir las cuestiones deportivas y técnicas.

 

Ecclestone dijo hace apenas dos años nomás, que no le interesaba el público joven porque no tiene dinero. Que no le interesaba Twitter, Facebook y todas esas tonterías. “Intenté comprenderlo pero yo estoy chapado a la antigua. No pude encontrar ningún valor en todo eso. Prefiero alguien de 70 años con mucho dinero”. No hay mucho más que explicar.

 

Quedó fuera de sintonía con el mundo. Ya no tiene sus socios de siempre. Sus socios debieron ser los aficionados, pero eligió los millonarios. Ahora el Club abre sus puertas.

 

 

Diego Zorrero

 
 
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